El AS BAJO LA MANGA para vencer al coronavirus (Néstor Martínez)

 “¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha solicitado el poder cribarles como trigo; pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y Tú cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22,31-32)

Toda la humanidad entera, de una manera o de otra está siendo afectada por esta pandemia del coronavirus, y nadie en absoluto, podría decir que no le esté afectando. En un principio creímos que iba a pasar como las enfermedades anteriores y que muy pronto iban a encontrar la cura, sin embargo no fue así, y al parecer este virus vino a quedarse en medio de la humanidad.

Este virus nos ha puesto en una especie de jaque mate y ha desvelado las muchísimas falencias que tenemos como sociedad, ya sea en el ámbito del sistema sanitario con el colapso de los centros de salud, y ya sea también con nuestra actitud de intolerancia dentro de la sociedad contra cierto grupo de personas, en esta situación contra los que han contraído esta enfermedad, los vemos con miedo, los vemos con odio e impotencia y nos alejamos y queremos irnos lejísimos de ellos. Además ha desvelado lo insoportables que somos dentro de la misma familia, ahora que ya van meses de cuarentena y encierro de estar en casa, ya todos nos hemos aburrido, queremos volver a las calles, pero el virus está en nuestra puerta, está en la esquina de nuestra cuadra, está en las plazas y otros lugares públicos, parece que está en todos lados.

Ante esta situación catastrófica, queremos acudir al límite de lo que tenemos, pero en realidad ¿qué es lo que tenemos en estos momentos para defendernos del virus? Algunos le están sacando provecho a todo esto, subiendo los precios de los medicamentos y moviendo sus influencias. ¿Y nosotros? influencias en el sector de salud no tenemos, quizás un enfermero o algún médico internista, pero ante la emergencia de ver sufrir a un familiar nada podemos hacer, aunque queramos colaborar;  el dinero se nos acaba y pagar algún centro de salud privado no alcanza ni para internarlo una noche. Ante esta situación límite, pareciera que el virus nos tiene acorralado y no tenemos salida; pero, nos viene a la mente: Dios, ¿Dónde está él, cuando más lo necesitamos? Y nos acordamos que él nos regaló algo grandioso y maravilloso; y en estos tiempos difíciles nos damos cuenta que tenemos una As bajo la manga: la Fe.

Muchos están pensando que todo esto es un castigo de Dios, es la ira de Dios ante el pecado de la humanidad. Acertadamente dicen que nos hemos alejado de Dios con la multiplicidad de nuestros pecados, pero se equivocan al decir que Dios castiga, porque Dios está con nosotros fortaleciéndonos en la debilidad y la desesperación del sufrimiento. El mal no tiene su origen en Dios, aunque permite que ocurran todas estas cosas, pero con Jesús estamos convencidos que él está con el que sufre, está con el débil en la fe, por eso le dice a Pedro, quien es la roca: “Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca”. Está el Señor orando por cada uno de nosotros pecadores para que esa As de la Fe que él mismo nos ha regalado no desfallezca en el sufrimiento y en el dolor de esta pandemia. Por tanto expresemos nuestra Fe y démosle vida confiando plenamente en Dios; ahí está la clave, confianza plena en Dios.

Esta confianza plena en Dios se manifiesta con la aceptación de la realidad, que exige de nosotros confiar en nuestros hermanos y en estos tiempos acatar todas las medidas de bioseguridad recomendadas por las autoridades competentes, es decir, distanciamiento social, uso de barbijos, lavado de manos, desinfección con el alcohol y todas las medidas de precaución; por tanto, no podemos romper estas normas de seguridad y pensar o decir que a mí no me va pasar nada porque Dios me protege. La fe es realista y hay que cuidarnos, porque solamente así también podremos cuidar a los demás.

La tercera expresión de la fe se da a través de la actitud que nosotros tenemos y mostramos ante los demás. Estos son los tiempos para poner al mal tiempo buena cara; una actitud de positivismo, de esperanza, para animarnos unos a los otros, que nadie se sienta solo, que todos nos ayudemos, que todos nos animemos, con un mensaje, una llamada y con nuestra mejor arma en estos tiempos con nuestras oraciones constantes.

Finalmente la fe se expresa con la invitación del Señor a ser sus instrumentos: “Confirma (la fe) a tus hermanos”. Todos los creyentes podemos ser los instrumentos de la bendición del Señor, hoy más que nunca el Señor nos necesita para llevar su bendición, para llevar su paz, para llevar el alimento de su Palabra. Como envió a sus apóstoles antes de ascender a los cielos, hoy continúa enviándonos a anunciar la Buena Noticia y así llevar esperanza, y así llevar la curación que el Señor quiere obrar en la humanidad.

 Ante la pobreza económica que estamos atravesando, ante el colapso de los hospitales, ante la tristeza por la enfermedad de nuestros familiares y algunos de ellos por su partida de este mundo; hagamos uso del As que está bajo nuestra manga y que el Señor nos lo ha dejado, para que así todos unidos en comunidad y de manera personal confiemos plenamente en Dios, siendo realistas al acatar todas las medidas de bioseguridad en la lucha contra el coronavirus, con una actitud positiva y con la conciencia de que Dios nos necesita, saldremos victoriosos ante el coronavirus, y así seremos testigos de la Gloria de Dios en medio de la humanidad y que todo lo que hagamos, digamos y pensemos se para gloria suya.


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